" YO, YO DESEARÍA QUE PUDIERAS NADAR COMO LOS DELFINES, COMO NADAN LOS DELFINES. AUNQUE NADA, NADA NOS MANTENDRÁ JUNTOS, PODEMOS DERROTARLES PARA SIEMPRE. PODEMOS SER HÉROES SOLO POR UN DÍA. ( HEROES ) David Bowie
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22 feb 2012

UNA HABITACIÓN PROPIA




Como en mi último post, " un amigo" me ha achacado que estoy impactada por las mujeres floreroy que debo cambiar de tema por el bien de mi mente... pues aquí os dejo un pequeño extracto del ensayo de UNA HABITACIÓN PROPIA de Virginia Woolf, texto en el que la escritora hace incapie, en que toda mujer debería tener un espacio propio, para realizar lo que le venga en gana, es decir ser ella misma, me siento entre las afortunadas de gozar de ESE ESPACIO, de ESA BURBUJA, sin la cual no podría vivir, ni ser yo. Virginia no fue una mujer guapa, pero tenía una mente privilegiada, supongo que el deseo de casi todas nosotras, es tener el cuerpo de Raquel Welch y el cerebro de Virginia, pero es difícil. Ahora mismo mientras escribo, estoy en ESE ESPACIO PROPIO al que yo llamo cariñosamente mi jardín de obsesiones y desde el os brindo, este pequeño fragmento de un pensamiento de una mujer única, que no necesito, ni meterse en camas equivocadas; con sus palabras bastan, ojalá hubiera en el mundo más Virginias y menos rubias oxigenadas.


" TODA MUJER QUE QUIERA ESCRIBIR FICCIÓN, HA DE CONTAR CON UNA HABITACIÓN Y DINERO PROPIO "



" Y todas estas vidas infinitamente oscuras todavía están por contar, dije dirigiéndome a Mary Carmichael como si hubiera estado allí; y seguí andando por las calles de Londres sintiendo en imaginación la presión del mutismo, la acumulación de vidas sin contar: la de las mujeres paradas en las esquinas, con los brazos en jarras y los anillos hundidos en sus dedos hinchados de grasa, hablando con gesticulaciones parecidas al ritmo de las palabras de Shakespeare, la de las violeteras, la de las vendedoras de cerillas, la de viejas brujas estacionadas bajo los portales, o la de las muchachas que andan a la deriva y cuyo rostro señala, como oleadas de sol y nube, la cercanía de hombres y mujeres y las luces vacilantes de los escaparates. Todo esto tendrá que explorar, le dije a Mary Carmichael, asiendo con fuerza tu antorcha. Por encima de todo, debes iluminar tu propia alma, sus profundidades y frivolidades, sus vanidades y generosidades, y decir lo que significa para ti tu belleza y tu fealdad, y cuál es tu relación con el mundo siempre cambiante y rodante (…) "

CON EL GRAN POETA Y ENSAYISTA, T.S. ELIOT, 


Virginia Woolf, nace en Londrés el 25 de Enero de 1882 y muere el 28 de Marzo de 1941, tenía 59 años, su trastorno maniaco-depresivo o bipolar, la llevo a meterse en las aguas de un rió hasta ahogarse, por entonces vivía en un pueblo cerca de Londres, y quizá el no estar con su circulo de intelectuales, fue el denotante de su decisión... pero igual que algunas bellezas del celuloide siempre sera inmortal y además me atrevo a decir, que la lectura de su obra nos aporta un placer y un grado de conocimiento mucho más intenso y perdurable en el tiempo.






DEDICADO A TODAS LAS CHICAS QUE SEGUÍS MI BLOG, PERO EN ESPECIAL SE LO DEDICO A MI ÁNGEL, MI HIJA DEBORAH, QUE ALGÚN DÍA RECIBIRÁ MI LEGADO.
!!! CHICAS NO DEJÉIS NUNCA DE CULTIVAR VUESTRO JARDÍN DE OBSESIONES !!!

10 ene 2012

EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO





                           " Mucho tiempo he estado, acostándome temprano "   

Esta frase, para los no conocedores , de la qué para mi es la mayor obra de la literatura; es de sobra conocida. Así es cómo comienza, EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO, de Marcel Proust.
Los siete tomos de los que consta, tan mágnanima obra son :
  • Por el camino de Swann (1913)
  • A la sombra de las muchachas en flor (1919)
  • El mundo de Guermantes I y II (1921–1922)
  • Sodoma y Gomorra I y II (1922–1923)
  • La prisionera (póstuma, 1925)
  • La fugitiva (póstuma, 1927)
  • El tiempo recobrado (póstuma 1927)
Tendría que pasarme días enteros, hablando de ellos, tanto cómo pasé leyendolos de muy jovencita y volvi a releer de adulta; son unos de mis libros de cabecera y siempre vuelvo a ellos, es cómo una fuerza qué me empuja, su prosa hipnótica y para algunos difícil, es fascinante, nos adentra en un mundo el de Proust, nos abre las puertas de su subconciente y no nos deja indiferentes, todo queda reflejado
sus impresiones, de la vida, de lo qué le rodea, sus amigos, su familia: su madre, su abuela; son suyos pero nos los entrega, para qué con él los vivamos.
El autor todo lo mira, o todo lo ve, desde todos los angulos, no deja resquicio, es un explorador delmundo, de su mundo.Proust, se encerró en una habitación forrada de corcho, para qué ningún ruido le perturbase y con laayuda de su doncella, Celeste, redacto lo que hoy para muchos es el mundo proustiano.
Algunas listas, cómo siempre en literatura, las famosas listas, le asignado un lugar, dentro de la literatura gay, no puedo estar de acuerdo, EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO, es más que esoqué el própio Marcel Proust, fuerá homosexual, nada tiene que ver, es ante todo la obra de un escritor de un ser humano, sea cual sea, su condición sexual, creo qúe no importa; es más en el tomo ALBERTINE DESAPARECIDA, no era ALBERTINE, era Albert su chofert, con quien el autor, sé dice, tuvo una relación.... es lo de menos.
VIRGINIA WOOLF, otra gran dama de la litaretura, digo después de leer esta obra : " Ya nada se puede escribir después de esto, superar su introspección   es practicamente imposible "Poco me queda por añadir, sé qué muchos de vosotros ya la conoceréis, a los qué no os invito hacerlo sin miedo, pero poniendo todos vuestros sentidos a funcionar, eso sí necesitáis tiempo, mucho tiempo....

10 mar 2011

EL ANGEL DESOLADO, ANNEMARIE SCHWARCENBACH




El angel desolado, así es cómo la llamaba Thomas Mann, a ésta escritora, filósofa, historiadora
Annemarie Schwarcenbach, tenía esa peculiar belleza, andrógina y especial, qué tanto puede gustar a hombres y mujeres. Nacida en Suiza, en una familia de banqueros.Las nubes sobre Berlín se habían teñido de rojo.  Annemarie Schwarzenbach manejaba su Mercedes buscando a Mops, la joven mujer que le suministraba morfina. Tenía fiebre y frío. Bajaba la ventana y preguntaba si habían visto a Mops; dejaba el auto en marcha y entraba a los bares pidiendo por Mops. Pocos la escuchaban; en las calles algo grande se gestaba de manera contundente. Pero para ella la morfina, su íntimo y solitario paseo por la redención, no podía esperar.
A Annemarie Schwarzenbach suele encontrársela buscando otra cosa: las obras de Klaus Mann, la vida de Carson McCullers. Schwarzenbach no era una gran promotora de sí misma; su belleza andrógina y su mirada punzante y triste hacían buena parte del trabajo. Donde entraba despertaba fascinación. Había nacido en 1908 y su familia era una de las más ricas de Suiza. Su madre, Renée, solía recibir en su amplio living a figuras como la Infanta de España y Toscanini. Su padre, Alfred, heredero de la Ro. Schwarzenbach & Co., fabricaba y exportaba seda y en las navidades le regalaba a los obreros un gran retrato de sí mismo, para que no llegasen a olvidar nunca, en la intimidad de sus hogares, a quién tenían que agradecer por el pan cotidiano. Desde chica, Annemarie rechazó un espléndido futuro de lujos y neutralidad. Así, por naturaleza. Cuando alcanzó la pubertad, la familia pidió una consulta con un médico de Zurich a causa de su "rara" conducta. Pero tras algunas entrevistas, Carl Gustav Jung desistió de cualquier tratamiento sin dar mayores explicaciones. Tiempo después, una seguidilla de psiquiatras firmaría papeles de internación con un veredicto terminante: esquizofrenia.




"La princesa Miro", como la llamaban, los siguió a Holanda, Inglaterra, Rusia, Francia, España y finalmente a Nueva York. Pero intercaló esos encuentros con períodos de desintoxicación, un intento de suicidio, y prolongadas estadías en Oriente Medio, especialmente en Persia. Allí afianzó su carrera periodística, trabajó como arqueóloga, y se casó y convivió fugazmente con un diplomático francés, que a pesar de su velada homosexualidad, se había enamorado de ella. La novela Muerte en Persia, terminada en 1936, es el testimonio de lo que Annemarie buscaba en esa vasta tierra ajena. En ella expone abiertamente sus miedos y sentimientos de culpa, su homosexualidad, la posibilidad de que sus viajes, tan lejanos, tan oscuros, fuesen nada más una forma de alejarse de quienes la criticaban por no pasar a la acción, como Erika, o por hacerlo, como su madre, hasta hoy, es la única obra de Schwarzenbach traducida al castellano, por la editorial barcelonesa Minúscula. En Buenos Aires el libro está prácticamente agotado, y sólo una nueva demanda justificaría el envío de la segunda edición. Este mismo año Minúscula publicará también Todos los caminos están abiertos. El viaje a Afganistán 1939-1940, que reúne textos del viaje que hizo con la periodista Ella Maillart, y a principios de 2009 lanzará el volumen de relatos Con esta lluvia.







Partidas y regresos

"Supe que su rostro me perseguiría hasta el final de mi vida", escribió Carson McCullers, tras conocer a Annemarie en Nueva York en 1940. La joven autora de El corazón es un cazador solitario, se convenció de que la efébica suiza era su alma gemela y su destino. Por tercera vez Annemarie recalaba en Estados Unidos y su vida estaba desarmada. Se había distanciado de los Mann a pesar suyo: Klaus vivía sus propias depresiones y Erika, harta hacía tiempo de las borracheras y debilidades de su amiga, viajaba por Estados Unidos dando conferencias sobre el desastre europeo. Annemarie había ganado fama como fotorreportera para medios suizos en los tres últimos años: su pasaporte diplomático le abrió las fronteras y le permitió ver las miserias de la Europa ocupada, y su vocación de viajera le mostró la cara non grata de la tierra de las libertades: narró el cierre de fábricas, la lucha sindical, el racismo. Enfureció a sus padres cuando uno de sus artículos describió las protestas obreras frente a la fábrica de Pennsylvania que pertenecía a los Schwarzenbach. Pero 1940 fue su año más terrible y excesivo: bebía, se drogaba, escribía poco, le daba ambiguas señales a Carson y mantenía un amor atormentado con la rica exiliada alemana Margot Von Opel, a quien, en un brote psicótico, intentó estrangular. Su padre murió y Annemarie, agobiada por la culpa y la desesperación, intentó suicidarse. La internaron, se escapó, la encerraron de nuevo, hasta que su hermano Freddy logró sacarla del sórdido hospital Bellevue y embarcarla hacia Europa, desterrada de Estados Unidos para siempre.

En Suiza, su madre no quiso recibirla y Annemarie se fue tan lejos como pudo, al Congo Belga. En Leopoldville le retuvieron el pasaporte y la comunidad colonial la tomó por una espía nazi. Deprimida y sola, se adentró en la selva virgen y vivió dos meses en los que, por primera vez, no sacó ni una foto. De vuelta a la ciudad se encerró en su prosaica cabaña y escribió de un tirón 400 páginas, una novela que después devendría en poema y que no terminaría. Al poco tiempo le dieron permiso para irse.

Se instaló en la casa de Engadina, Suiza, que su padre había alquilado durante años para ella, y que gracias a una herencia, al fin podía comprar. Corría 1942. Carson le había dedicado su segunda novela, Reflejos en un ojo dorado, Klaus se alistaba en el ejército aliado y Erika se había convertido en una afamada corresponsal de guerra. Annemarie, limpia ya de las drogas, retomaba la correspondencia con su marido y sus amigos, se preparaba para pasarse una temporada como reportera en Portugal y parecía haber alcanzado la paz cuya ausencia tanto había padecido. Una cadena de azares la llevó una mañana de septiembre a pedir prestada una bicicleta, ella, que siempre había elegido el auto como motor de su libertad. En ese paisaje sin bombas ni desiertos ni fábricas cerradas, una piedra se interpuso en su camino; su frágil cuerpo cayó y su cabeza sufrió un fuerte golpe. Recobró el sentido días después. Su madre vio despertar a una hija que no la reconocía, que había perdido la capacidad para hablar, mirar y caminar, que quedó postrada hasta su muerte, el 15 de noviembre. Renée quemó todas sus cartas y diarios pero no se atrevió a tocar sus manuscritos, que terminaron en oscuros archiveros suizos hasta 1987, cuando el interés de Roger Perret, un estudioso de Ginebra, los sacó del olvido. Y así Annemarie Schwarzenbach, cuya conciencia se diluyó antes que su voluntad de vivir, volvió con las palabras de un viaje emprendido demasiado pronto.



EL ANGEL DESOLADO, ANNEMARIE SCHWARCENBACH

El angel desolado, así es cómo la llamaba Thomas Mann, a ésta escritora, filósofa, historiadora
Annemarie Schwarcenbach, tenía esa peculiar belleza, andrógina y especial, qué tanto puede gustar a hombres y mujeres. Nacida en Suiza, en una familia de banqueros.Las nubes sobre Berlín se habían teñido de rojo.  Annemarie Schwarzenbach manejaba su Mercedes buscando a Mops, la joven mujer que le suministraba morfina. Tenía fiebre y frío. Bajaba la ventana y preguntaba si habían visto a Mops; dejaba el auto en marcha y entraba a los bares pidiendo por Mops. Pocos la escuchaban; en las calles algo grande se gestaba de manera contundente. Pero para ella la morfina, su íntimo y solitario paseo por la redención, no podía esperar.
A Annemarie Schwarzenbach suele encontrársela buscando otra cosa: las obras de Klaus Mann, la vida de Carson McCullers. Schwarzenbach no era una gran promotora de sí misma; su belleza andrógina y su mirada punzante y triste hacían buena parte del trabajo. Donde entraba despertaba fascinación. Había nacido en 1908 y su familia era una de las más ricas de Suiza. Su madre, Renée, solía recibir en su amplio living a figuras como la Infanta de España y Toscanini. Su padre, Alfred, heredero de la Ro. Schwarzenbach & Co., fabricaba y exportaba seda y en las navidades le regalaba a los obreros un gran retrato de sí mismo, para que no llegasen a olvidar nunca, en la intimidad de sus hogares, a quién tenían que agradecer por el pan cotidiano. Desde chica, Annemarie rechazó un espléndido futuro de lujos y neutralidad. Así, por naturaleza. Cuando alcanzó la pubertad, la familia pidió una consulta con un médico de Zurich a causa de su "rara" conducta. Pero tras algunas entrevistas, Carl Gustav Jung desistió de cualquier tratamiento sin dar mayores explicaciones. Tiempo después, una seguidilla de psiquiatras firmaría papeles de internación con un veredicto terminante: esquizofrenia.
"La princesa Miro", como la llamaban, los siguió a Holanda, Inglaterra, Rusia, Francia, España y finalmente a Nueva York. Pero intercaló esos encuentros con períodos de desintoxicación, un intento de suicidio, y prolongadas estadías en Oriente Medio, especialmente en Persia. Allí afianzó su carrera periodística, trabajó como arqueóloga, y se casó y convivió fugazmente con un diplomático francés, que a pesar de su velada homosexualidad, se había enamorado de ella. La novela Muerte en Persia, terminada en 1936, es el testimonio de lo que Annemarie buscaba en esa vasta tierra ajena. En ella expone abiertamente sus miedos y sentimientos de culpa, su homosexualidad, la posibilidad de que sus viajes, tan lejanos, tan oscuros, fuesen nada más una forma de alejarse de quienes la criticaban por no pasar a la acción, como Erika, o por hacerlo, como su madre, hasta hoy, es la única obra de Schwarzenbach traducida al castellano, por la editorial barcelonesa Minúscula. En Buenos Aires el libro está prácticamente agotado, y sólo una nueva demanda justificaría el envío de la segunda edición. Este mismo año Minúscula publicará también Todos los caminos están abiertos. El viaje a Afganistán 1939-1940, que reúne textos del viaje que hizo con la periodista Ella Maillart, y a principios de 2009 lanzará el volumen de relatos Con esta lluvia.


Partidas y regresos

"Supe que su rostro me perseguiría hasta el final de mi vida", escribió Carson McCullers, tras conocer a Annemarie en Nueva York en 1940. La joven autora de El corazón es un cazador solitario, se convenció de que la efébica suiza era su alma gemela y su destino. Por tercera vez Annemarie recalaba en Estados Unidos y su vida estaba desarmada. Se había distanciado de los Mann a pesar suyo: Klaus vivía sus propias depresiones y Erika, harta hacía tiempo de las borracheras y debilidades de su amiga, viajaba por Estados Unidos dando conferencias sobre el desastre europeo. Annemarie había ganado fama como fotorreportera para medios suizos en los tres últimos años: su pasaporte diplomático le abrió las fronteras y le permitió ver las miserias de la Europa ocupada, y su vocación de viajera le mostró la cara non grata de la tierra de las libertades: narró el cierre de fábricas, la lucha sindical, el racismo. Enfureció a sus padres cuando uno de sus artículos describió las protestas obreras frente a la fábrica de Pennsylvania que pertenecía a los Schwarzenbach. Pero 1940 fue su año más terrible y excesivo: bebía, se drogaba, escribía poco, le daba ambiguas señales a Carson y mantenía un amor atormentado con la rica exiliada alemana Margot Von Opel, a quien, en un brote psicótico, intentó estrangular. Su padre murió y Annemarie, agobiada por la culpa y la desesperación, intentó suicidarse. La internaron, se escapó, la encerraron de nuevo, hasta que su hermano Freddy logró sacarla del sórdido hospital Bellevue y embarcarla hacia Europa, desterrada de Estados Unidos para siempre.

En Suiza, su madre no quiso recibirla y Annemarie se fue tan lejos como pudo, al Congo Belga. En Leopoldville le retuvieron el pasaporte y la comunidad colonial la tomó por una espía nazi. Deprimida y sola, se adentró en la selva virgen y vivió dos meses en los que, por primera vez, no sacó ni una foto. De vuelta a la ciudad se encerró en su prosaica cabaña y escribió de un tirón 400 páginas, una novela que después devendría en poema y que no terminaría. Al poco tiempo le dieron permiso para irse.

Se instaló en la casa de Engadina, Suiza, que su padre había alquilado durante años para ella, y que gracias a una herencia, al fin podía comprar. Corría 1942. Carson le había dedicado su segunda novela, Reflejos en un ojo dorado, Klaus se alistaba en el ejército aliado y Erika se había convertido en una afamada corresponsal de guerra. Annemarie, limpia ya de las drogas, retomaba la correspondencia con su marido y sus amigos, se preparaba para pasarse una temporada como reportera en Portugal y parecía haber alcanzado la paz cuya ausencia tanto había padecido. Una cadena de azares la llevó una mañana de septiembre a pedir prestada una bicicleta, ella, que siempre había elegido el auto como motor de su libertad. En ese paisaje sin bombas ni desiertos ni fábricas cerradas, una piedra se interpuso en su camino; su frágil cuerpo cayó y su cabeza sufrió un fuerte golpe. Recobró el sentido días después. Su madre vio despertar a una hija que no la reconocía, que había perdido la capacidad para hablar, mirar y caminar, que quedó postrada hasta su muerte, el 15 de noviembre. Renée quemó todas sus cartas y diarios pero no se atrevió a tocar sus manuscritos, que terminaron en oscuros archiveros suizos hasta 1987, cuando el interés de Roger Perret, un estudioso de Ginebra, los sacó del olvido. Y así Annemarie Schwarzenbach, cuya conciencia se diluyó antes que su voluntad de vivir, volvió con las palabras de un viaje emprendido demasiado pronto.





9 mar 2011

EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO

" Mucho tiempo he estado, acostándome temprano "   

Esta frase, para los no conocedores , de la qué para mi es la mayor obra de la literatura; es de sobra
conocida. Así es cómo comienza, EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO, de Marcel Proust.
Los siete tomos de los que consta, tan mágnanima obra son :
  • Por el camino de Swann (1913)
  • A la sombra de las muchachas en flor (1919)
  • El mundo de Guermantes I y II (1921–1922)
  • Sodoma y Gomorra I y II (1922–1923)
  • La prisionera (póstuma, 1925)
  • La fugitiva (póstuma, 1927)
  • El tiempo recobrado (póstuma 1927)
Tendría que pasarme días enteros, hablando de ellos, tanto cómo pasé leyendolos de muy jovencita
y volvi a releer de adulta; son unos de mis libros de cabecera y siempre vuelvo a ellos, es cómo una
fuerza qué me empuja, su prosa hiptótica y para algunos difícil, es fascinante, nos adentra en un mundo
el de Proust, nos abre las puertas de su subconciente y no nos deja indiferentes, todo queda reflejado
sus impresiones, de la vida, de lo qué le rodea, sus amigos, su familia: su madre, su abuela; son suyos
pero nos los entrega, para qué con él los vivamos.
El autor todo lo mira, o todo lo ve, desde todos los angulos, no deja resquicio, es un explorador del
mundo, de su mundo.
Proust, se encerró en una habitación forrada de corcho, para qué ningún ruido le perturbase y con la
ayuda de su doncella, Celeste, redacto lo que hoy para muchos es el mundo proustiano.
Algunas listas, cómo siempre en literatura, las famosas listas, le asignado un lugar, dentro de la literatura gay, no puedo estar de acuerdo, EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO, es más que eso
qué el própio Marcel Proust, fuerá homosexual, nada tiene que ver, es ante todo la obra de un escritor
de un ser húmano, sea cual sea, su condición sexual, creo qúe no importa; es más en el tomo ALBERTINE DESAPARECIDA, no era ALBERTINE, era Albert su chofert, con quien el autor, sé dice, tuvo una relación.... es lo de menos.
VIRGINIA WOOLF, otra gran dama de la litaretura, digo después de leer esta obra : " Ya nada sé
puede escribir después de esto, superar su introspcción  es practicamente imposible "
Poco me queda por añadir, sé qué muchos de vosotros ya la conocereis, a los qué no os invito hacerlo
sin miedo, pero poniendo todos vuestros sentidos a funcionar, eso sí necesitais tiempo, mucho tiempo.

EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO






" Mucho tiempo he estado, acostándome temprano "   

Esta frase, para los no conocedores , de la qué para mi es la mayor obra de la literatura; es de sobra
conocida. Así es cómo comienza, EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO, de Marcel Proust.
Los siete tomos de los que consta, tan magnanima obra son :
  • Por el camino de Swan  (1913)
  • A la sombra de las muchachas en flor (1919)
  • El mundo de Guermantes I y II (1921–1922)
  • Sodoma y Gomorra I y II (1922–1923)
  • La prisionera (póstuma, 1925)
  • La fugitiva (póstuma, 1927)
  • El tiempo recobrado (póstuma 1927)
Tendría que pasarme días enteros, hablando de ellos, tanto cómo pasé leyendolos de muy jovencita
y volví a releer de adulta; son unos de mis libros de cabecera y siempre vuelvo a ellos, es cómo una
fuerza qué me empuja, su prosa hipnótica y para algunos difícil, es fascinante, nos adentra en un mundo
el de Proust, nos abre las puertas de su subconciente y no nos deja indiferentes, todo queda reflejado
sus impresiones, de la vida, de lo qué le rodea, sus amigos, su familia: su madre, su abuela; son suyos
pero nos los entrega, para qué con él los vivamos.
El autor todo lo mira, o todo lo ve, desde todos los ángulos, no deja resquicio, es un explorador del
mundo, de su mundo.
Proust, se encerró en una habitación forrada de corcho, para qué ningún ruido le perturbase y con la
ayuda de su doncella, Celeste, redacto lo que hoy para muchos es el mundo proustiano.
Algunas listas, cómo siempre en literatura, las famosas listas, le asignado un lugar, dentro de la literatura gay, no puedo estar de acuerdo, EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO, es más que eso
qué el própio Marcel Proust, fuerá homosexual, nada tiene que ver, es ante todo la obra de un escritor
de un ser húmano, sea cual sea, su condición sexual, creo qúe no importa; es más en el tomo ALBERTINE DESAPARECIDA, no era ALBERTINE, era Albert su chofert, con quien el autor, sé dice, tuvo una relación.... es lo de menos.
VIRGINIA WOOLF, otra gran dama de la literatura, digo, después de leer esta obra : " Ya nada sé
puede escribir después de esto, superar su introspección  es practicamente imposible "
Poco me queda por añadir, sé qué muchos de vosotros ya la conoceréis, a los qué no os invito hacerlo
sin miedo, pero poniendo todos vuestros sentidos a funcionar, eso sí necesitáis tiempo, mucho tiempo.